• En el Festival Virtual de la Alianza Revive el Río/Raise the River, especialistas coincidieron: el agua para el ambiente no es un lujo, sino el eje de la resiliencia hídrica binacional.
• La experiencia de cooperación entre México y EE. UU. se perfila como la mayor fortaleza para enfrentar los retos del 2026.
El Festival Virtual Raise the River – Alianza Revive el Río Colorado, especialistas en gestión hídrica, filantropía y cooperación internacional lanzaron un mensaje unificado: devolver agua al ambiente ha dejado de ser un gesto simbólico para convertirse en una estrategia vital de supervivencia y estabilidad para la región binacional.
Ante los desafíos climáticos como las sequías y la próxima renegociación de acuerdos clave post-2026, el festival destacó cómo el Delta del Río Colorado ha pasado de ser considerado un ecosistema perdido a convertirse en una referencia significativa de cooperación, construcción de confianza diplomática y restauración ecológica.
Un cambio de paradigma: el ambiente como usuario legítimo
Durante el Panel 1: Proteger el Delta, la conversación inició con una premisa clara: la salud del río es inseparable de la seguridad hídrica humana. Eugenio Barrios, Director del Área de Agua de la Fundación Gonzalo Río Arronte, enfatizó que reconocer legalmente el agua para la naturaleza transforma la dinámica de la cuenca:
“Asignarle agua al ambiente es muy poderoso. No es un competidor de otros usos, es el sustento de todos. Necesitamos un estatus diferenciado para el agua ambiental, porque eso se traduce en resiliencia hídrica para toda la región”.
Esta visión fue respaldada por Ian W. Shelledy, Oficial de Programas en la Walton Family Foundation, quien destacó el rol del Delta no solo como desembocadura, sino como el vínculo vital que conecta nuevamente al río con el mar. Al señalar que restaurar esta unión es recuperar la función biológica de toda la región, subrayó:
“No podemos hablar de resiliencia del Río Colorado sin considerar el Delta. Un delta sano mejora las condiciones de toda la cuenca. Algunas de las cosas más importantes que se han logrado aquí son también las más difíciles de medir, como la cooperación binacional”.
De la ciencia a la narrativa humana
Dentro del primer panel del festival, “Proteger el Delta”, las personas participantes coincidieron en que los datos técnicos son indispensables, pero insuficientes para movilizar la voluntad social. Nancy Smith, Directora de Conservación del Programa del Río Colorado de The Nature Conservancy resaltó el poder de la conexión emocional:
“Nuestro superpoder es inspirar. Los donantes quieren transformar el mundo, y para eso necesitan datos, pero también historias que conecten. El río conecta paisajes, especies y comunidades, y nos recuerda que todos somos parte de la misma historia”.
Esta conexión se materializa en el trabajo de campo, donde paisajes que parecían irrecuperables han comenzado a florecer nuevamente gracias a la ciencia aplicada y la participación local. Al respecto, Gabriela Caloca, coordinadora de gestión de la Alianza Revive el Río Colorado, señaló:
“Durante años se pensó que el Delta era un río muerto, pero hoy es un ejemplo de que la restauración es posible. No basta con tener datos; necesitamos contar esta historia de una forma que la gente pueda sentir y entender”.
Como consecuencia de este proceso de recuperación ecológica y resignificación social, Michelle Morelos, coordinadora de comunicación para la Alianza Revive el Río Colorado, compartió cómo la creación colectiva de Cupari, la nueva mascota de la Alianza, simboliza esta apropiación social:
“Cupari nos recuerda que el río no es solo agua, es un sistema vivo del que dependen comunidades, especies y territorios”.
El camino al 2026: Certeza a través de la cooperación
El festival abordó el contexto binacional desde la solidez institucional construida durante décadas. Sally Spener, Secretaria de la sección estadounidense de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA/IBWC), destacó el valor de la trayectoria conjunta como la herramienta principal para navegar el futuro:
“El Río Colorado tiene una larga historia de cooperación entre México y Estados Unidos, y esa experiencia es una de nuestras mayores fortalezas. Los acuerdos nos permiten generar certidumbre en un contexto de mucha variabilidad”.
Desde una reflexión sobre los retos de la equidad en la gestión del agua en contextos de crisis, África Zepeda, Directora de Asuntos Fronterizos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, aportó una lectura clave sobre cómo las decisiones técnicas en materia hídrica conllevan implicaciones sociales profundas y diferenciadas. En este escenario, el reto ha cambiado de naturaleza: ya no se trata únicamente de compartir agua, sino de gestionar la escasez de manera equitativa, reconociendo que sus impactos no son simétricos entre territorios y comunidades.
“Por eso la equidad debe ser un principio rector; la confianza es un activo diplomático indispensable”, comentó.
Este espíritu de colaboración constructiva fue ratificado por la titular de la Sección Mexicana de la Comisión Internacional de Límites y Aguas entre México y Estados Unidos (CILA), Adriana Reséndez, quien recordó que la inclusión de flujos ecológicos en las actas binacionales marcó un precedente internacional:
“Incorporar la restauración ambiental en acuerdos binacionales fue un parteaguas y un logro sin precedentes”.
Finalmente, ante la realidad de un clima cambiante, David Palumbo, Comisionado de la Oficina de Reclamación de EE. UU. (USBR), cerró con un llamado a la evolución de las estrategias técnicas:
“El sistema ya no es estacionario. No podemos guiarnos por el pasado; necesitamos ciencia, flexibilidad y gestión adaptativa”.
La narrativa como herramienta de cambio: El Delta ante los ojos del mundo
El cierre del festival ofreció un giro deliberado hacia el poder de las historias. Moderado por Lynne Bairstow, directora de comunicación Raise the River/The Redford Center, en el último panel exploró por qué la recuperación del Delta se ha convertido en un imán para documentalistas y periodistas en el mundo y cómo el contar historias es vital para traducir la complejidad técnica en compromiso ciudadano.
Bairstow abrió la conversación señalando el desafío de visibilizar un trabajo que ocurre en zonas remotas:
“Pocas personas realmente pueden ver ese trabajo en territorio y comprender la magnitud de todos los esfuerzos que se requieren. Por eso es vital entender por qué esta historia resulta tan atractiva e inspiradora para cineastas y periodistas”.
El panel analizó el impacto del episodio sobre el Delta en la serie documental Human Footprint (PBS). Su directora y guionista, Page Buono, explicó que el objetivo editorial fue alejar la narrativa del fatalismo ambiental para centrarse en la agencia humana:
“La forma en que se gestiona el río no es algo que simplemente nos ocurre; es un reflejo de nuestros valores. Estas son decisiones que tomamos”.
Desde la perspectiva interna de la coalición, Aida Navarro, coordinadora general de la Alianza/Raise the river abordó el reto de comunicar un proyecto que involucra diplomacia, ingeniería y ecología sin perder su esencia emocional:
“Es inherentemente complejo, no solo involucra ciencia, sino acuerdos binacionales complejos y múltiples aliados. Nuestro trabajo es encontrar la belleza en la sencillez: El Delta es una prueba viva de que ningún lugar está demasiado perdido, y de que ningún reto ambiental es demasiado complejo”.
Estas tres ponencias reafirman el compromiso de la Alianza Revive el Río Colorado de continuar trabajando como un puente entre la sociedad civil, los gobiernos y las comunidades, demostrando que la cooperación y la confianza son el caudal más importante para asegurar el futuro del agua.


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